Lo que en este artículo se quiere hacer es un intento de recoger algunas de las grandes victorias del movimiento de mujeres desde una mirada internacional. Para ello se consideran dos momentos como claves: la movilización de #NiUnaMenos en Argentina el 3 de junio de 2015 y el actual caso de Hollywood (octubre 2017) donde 40 mujeres denunciaron el acoso sexual por parte del director Harvey Weinstein, que ha sido expulsado de la academia. Lo que no se pretende aquí es dar una descripción de qué es o qué deja de ser el movimiento: son ellas y sólo ellas las que definen con sus actos como quieren asumir este cambio social y político dentro de la idiosincrasia de sus pueblos.

¿Por qué movimiento de mujeres? Se entiende que ha habido ocasiones dónde una mayoría de mujeres ha decidido movilizarse por defender sus derechos, dándose la mano entre ellas, apostando por encontrar las condiciones que comparten. Una lección para otros movimientos de avance social y cambio político, pues ellas dejan de lado todas las diferencias que tienen y aun siendo portadoras de diversos cuerpos, saben perfectamente que desigualdades y violencias las unen. Algunas seguramente se considerarán feministas, o este concepto no les resulte lejano. Sin embargo, el feminismo pone en disputa muchos roles que trascienden tocando la concepción de la maternidad y la libre elección sobre sus cuerpos, la desigualdad laboral y lo que supone la riqueza colectiva, las sexualidades y su manera de disfrute, la reivindicación de que el color, la procedencia o el culto no debieran ser determinantes en el desarrollo de la vida de las personas. Estas reivindicaciones, si bien están presentes en el movimiento de mujeres, no son las mayoritarias.

Ha habido muchas movilizaciones en la última década, pero la gran marcha de #NiUnaMenos en 2015 que llenó las calles de Buenos Aires y otras ciudades de Argentina puso sobre la mesa la punta de la pirámide de las violencias de género, el feminicidio. La repercusión que tuvo este hito no fue exclusivamente en redes sociales, hubo un efecto mariposa en todo el cono sur e incluso en el sur de Europa, con movilizaciones, periódicos intentando interpretar lo que estaba pasando y una consigna: “Nos están matando”. Lo que de hecho pasó es que el movimiento de mujeres demostró que podía romper las fronteras e inundar el panorama internacional con su lucha por la vida, que una gran movilización podía marcar la opinión pública y la agenda política internacional.

Es ya parte del sentido común global, sin eludir la diversidad territorial y cultural, que las mujeres han sido encajadas en un rol pasivo en la sociedad y que ellas mismas están tratando de subvertirlo. El feminicidio es un mal global y es una situación a la que se enfrentan las mujeres independientemente del lugar donde vivan. El movimiento de mujeres no necesita hablar la misma lengua para compartir la lucha.

En el caso de la denuncia de Hollywood 40 mujeres de un mundo muy estereotipado han dado un paso adelante, juntas, para denunciar el acoso sexual sufrido por el director Harvey Weinstein. Unidas por sufrir una misma violencia, han puesto sobre la mesa otro escalón de la pirámide de violencias, el acoso sexual. Se trata de algo más invisible que el feminicidio y que muchas veces se cuestiona debido a que pertenece al ámbito de la intimidad. A pesar de que existen muchos condicionamientos sociales, económicos, religiosos y culturales que afectan en la escalada de violencias, el acoso y la agresión sexual no conocen fronteras, oficios o lenguas.

La repercusión ha llegado también a España, donde la actriz Leticia Dolera se ha atrevido a contar la agresión que sufrió y la respuesta social ha sido respeto y sororidad. Este efecto mariposa continúa y se unen mujeres de otros sectores de la sociedad, con fuerza para denunciar lo que han sufrido y sufren.

Pensemos qué potencial tiene que las ídolas de muchas generaciones de mujeres, niñas, adolescentes, vean que no tienen miedo a denunciar lo que sufren. Que no temen señalar al culpable, ni contar lo sufrido. Pensemos qué fuerza tiene que un entero continente, con unas estadísticas abrumadoras de feminicidios, levante la pancarta de #NiUnaMenos y replique con fuerza la consigna también en nuestro continente. Esta es una de las grandes victorias del movimiento de mujeres. Victoria que debería tenerse en cuenta en todos los movimientos de cambio político y transformación social.
Ellas están apelando a la suma, no a la división, compartiendo lucha.

Fuentes: Imagen de portada

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