El concepto clásico de seguridad presente a lo largo de todo el siglo XX ha venido pivotando a partir de los ejes de defensa militar, soberanía y territorialidad estatal frente a las amenazas externas. Sin embargo, esta idea de la seguridad está muy limitada en muchos aspectos, ya que se trata de una concepción excesivamente estatocéntrica y cuya definición se vuelve mucho más difícil cuando la sacamos del ámbito militar y queremos hablar de otro tipo de seguridades. Es por ello que a partir de los años 60, y a lo largo de la Guerra Fría, muchos teóricos comenzaron a tratar de reconstruir el concepto de seguridad en otros términos. Es en este contexto donde se embarca las Escuela Crítica de Seguridad y el concepto de “securitización”.

Ole Wæver y Barry Buzan son los principales arquitectos de la Escuela de Estudios Críticos de Seguridad de Copenhague, así como de su principal concepto, la securitización. Para esta escuela el modo en que comprendemos la seguridad deriva, en última instancia, de nuestra visión del mundo y de la política. Es nuestra interpretación de la realidad la que define nuestra percepción sobre las amenazas y sobre los objetos y valores que deben ser protegidos. Así, desde una óptica constructivista, la Escuela de Copenhague va a tratar de dotar al discurso político de la importancia que merece en términos de construcción de una determinada visión sobre los problemas.

La securitización se refiere a la construcción de la seguridad mediante el discurso. Se trata de un proceso por el cual una cuestión se presenta como una amenaza existencial a un objeto de referencia cuya supervivencia es legítima. Para hacer frente a esta amenaza se requieren medidas de emergencia y la misma amenaza justifica acciones fuera de los límites normales del procedimiento político, es decir, acciones excepcionales.

Si bien no existen estándares para la designación de objetos de referencia en los procesos de securitización, siempre se tratará de objetos cuya supervivencia es legítima. Los tipos de objetos pueden variar. Por ejemplo, en el sector militar, las fuerzas armadas pueden tener su propio estatus de objeto de referencia, o en el sector económico, se puede llegar a legitimar la supervivencia de las economías nacionales frente a la población. En el sector social, el objeto de referencia de la securitización ha sido tradicionalmente el Estado y, de una manera más sutil, la nación. Los objetos de referencia más duraderos en procesos de securitización han sido estas colectividades de tamaño limitada, como estados, naciones y, como anticipó Huntington (1996), civilizaciones. Para un estado, su supervivencia se refiere a la soberanía y para la nación sería en función de su identidad.

Por otra parte, un actor securitizador es una persona, o un grupo de personas, que difunde el discurso de seguridad. Los actores más comunes son los líderes políticos, los burócratas, los gobiernos, o los grupos de presión. La capacidad de estos actores para invocar la seguridad es clave para legitimar el uso de la fuerza, a la vez que sirve de justificación para que el Estado movilice recursos o tome poderes especiales para gestionar las amenazas existenciales. Se trata de construir una estructura retórica específica que apele a la supervivencia y la prioridad de acción, que implique la necesidad de hacer frente al problema de seguridad, porque si no será demasiado tarde y no existiremos para remediar nuestro fracaso. Por ello, el actor securitizador reclama el derecho a gestionar el asunto de la seguridad a través de medidas extraordinarias, que pueden ir más allá de las normas políticas normales del juego, como pueden ser las subidas de impuestos, enfocar los recursos de la sociedad en una tarea específica o incluso limitar derechos y libertades fundamentales.

La securitización se trata de un acto de habla, un speech act, y su valor reside no en que sea un signo que se refiere a algo más real; sino en la misma enunciación que constituye un acto en sí mismo. Por tanto, la securitización es un proceso esencialmente intersubjetivo y socialmente construido. No se trata de una cualidad que se sostiene en mentes subjetivas y aisladas, sino que es social y forma parte del mundo discursivo socialmente constituido. No obstante, la securitización no se produce sólo a través de actos de habla, sino también a través de narrativas históricas, contextos sociales y políticos, imágenes, medios de comunicación, instituciones y actos físicos tales como protestas. Si un tipo particular de amenaza es persistente, entonces la respuesta y el sentido de urgencia probablemente serán institucionalizados.

Finalmente, es importante señalar que la securitización solo es completa cuando la designación de una amenaza existencial que requiere medidas de emergencia o medidas especiales es aceptada por un público significativo. Es decir, un discurso que presenta algo como una amenaza existencial a un objeto referente no crea por sí mismo una securitización, se trata tan solo de un movimiento securitizador. Para que una cuestión sea completamente securitizada ha de ser aceptada por la audiencia. No es necesario que se adopten medidas de emergencia para poder decir que la audiencia ha aceptado el movimiento securitizador, sólo que hay que argumentar la amenaza existencial de un objeto de referencia y ganar suficiente resonancia como para que se haga una plataforma a partir de la cual sea posible legitimar medidas extraordinarias.

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