La historia de la industria musical ha estado unida al desarrollo de la tecnología: hasta que no se escribió en papel, la música estaba ligada a un espacio y un momento único. Con la imprenta de Gutenberg la música pasó a otro nivel, el del Copyright. Aunque no es hasta 1710 con el “Estatuto de la Reina Ana” que se formaliza el “derecho a copia”, con la imprenta se empieza a monetizar la reproducción de música en papel, para finalmente llegar a lo que conocemos hoy en día en la era digital. Para llegar a ello, tiempo después de la imprenta, Edison nos trae el fonógrafo, aparato que revolucionó por completo la industria musical, dando la posibilidad de reproducir las canciones cuando y cuantas veces se quería. Se embotelló al genio de la lámpara.

Con el tiempo, los empresarios de la industria vieron que este negocio era fácil de influenciar y ejercer una dirección concreta mediante el marketing y la producción de música en exceso. Podían manipular los gustos del público, seleccionando el “talento” según criterios puramente comerciales, y llevarlo de manera masiva al público a través de los medios de comunicación. Ahora lo importante no era la calidad del artista y su música, sino de su capacidad de vender discos. Los artistas siguieron siendo artistas, pero los empresarios consiguieron maximizar los beneficios que podían sacar según criterios puramente comerciales.

Y es por esto que la industria musical se apoyó en el desarrollo tecnológico, en la búsqueda de soportes cada vez más baratos en su producción, para continuar pidiendo a los clientes que siguiesen pagando lo mismo por algo que cuesta menos hacer. Irónicamente fue el progreso tecnológico lo que les trajo hasta aquí y el que determinó el fin de la época dorada de la industria musical. La llegada de internet, y en concreto de Napster en 1999, hizo que la industria se pusiera patas arriba: Napster era un intercambiador P2P (peer-to-peer) que permitía el intercambio de contenido de manera muy rápida entre ordenadores. Las consecuencias directas fueron la caída de la venta de discos de manera alarmante, la música se libera de su soporte físico y ahora circula libremente por internet, ya sea por redes P2P, streaming o simples enlaces de descarga directa.

Y sin más, lo que se suponía que protege el Copyright, la posibilidad de hacer una copia de una obra, estaba al alcance de cualquiera, tanto que era imposible de proteger. Copiar en internet era tan natural como respirar. Estas dinámicas fueron cada vez más en aumento, y su práctica no pararía nunca, pues de alguna manera, su aceptación sería absoluta. La reacción de la industria musical no ha conseguido en ningún momento que ni los usuarios ni las descargas se reduzcan, lo único que ha conseguido es que una generación creciera pensando que las leyes son una estupidez que merecen ser ignoradas, y que las discográficas o las entidades de gestión de derechos son cualquier tipo de peste.

La misma tecnología que puso en lo más alto a la industria musical es la misma que la llevó a lo más bajo. Las nuevas generaciones jóvenes de los años 50 y 60, el nacimiento del rock n’ roll como nueva tendencia estética y musical alrededor del globo, la aparición del vinilo, la creciente demanda de la música en la radio, entre otros, generaron la primera expansión a nivel global del mercado de la música (Rutten, en Buquet, 2003:57). A mediados de los años 70, y teniendo de fondo la crisis del petróleo de 1973, el vinilo se ve sustituido por las cintas magnéticas, volviendo a generar crecimiento en la industria musical, hecho que también dio pie a la aparición del Walkman de Sony.

De la mano de Sony y Phillips, en 1983 sale al mercado el CD, uno de los elementos más importantes de la tecnología digital. Así pues, la cinta magnética se ve superada por el CD, acompañado también por un incremento muy favorecedor de la industria. Una de las características más importantes del CD fue los formatos de compresión del audio, como el WAV o el Mp3. Éste último, desde la llegada de internet, transformó por completo las dinámicas de producción, reproducción, distribución y comercialización de la industria musical.

Fuentes: Enrique Dans. (2010). Todo va a cambiar: tecnología y evolución: adaptarse o desaparecer. España: Deusto S.A. Ediciones. ISBN: 9788423427635

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