La palabra “zombie” a pocos ya les resulta desconocida. En los últimos tiempos, y especialmente desde que “The Walking Dead” entró en nuestros salones hace siete años, este vocablo ha vuelto a tomar una relevancia que prácticamente no conocía desde que George A. Romero estrenó “La Noche de los Muertos Vivientes”.

No son los zombis precisamente lo que en este artículo nos ocupa, pero sí lo que conforman como pretexto para hablar de socio-ficción: ¿Qué pasaría si, como muchas obras y producciones de ficción plantean, nos encontrásemos ante un apocalipsis zombi y el mundo tal y como lo conocemos dejase de funcionar repentinamente?

A esta pregunta responde precisamente la obra “Guerra Mundial Z: Una Historia Oral de la Guerra Zombie”, escrita por Max Brooks en el año 2006, que recoge, bajo formato de informe, un conjunto de relatos recopilados por un agente de la Comisión de la Postguerra (Zombie) de las Naciones Unidas. Este agente, un álter ego del autor del libro, recorre distintas localizaciones a lo largo y ancho del mundo, entrevistando a diversos actores que vivieron desde diferentes ángulos el conflicto, con el fin de dibujar una historia sobre lo sucedido.

El libro, dividido en cinco partes claramente diferenciadas, cada una referente a distintos momentos de la guerra contra los zombies, guerra que, como se demuestra más adelante, se libra de una manera muy distinta en cada lugar, ya sea a través de la batalla o de la resistencia (y la subsistencia) y cuyo desenlace tarda en llegar desde la infección del paciente cero.

Cada una de esas cinco partes relata cinco momentos o estadios diferentes del conflicto, coincidentes con lo que se podría entender como un ciclo de caída progresiva de las estructuras sociales y posterior recuperación de las mismas, esto último bajo una forma social distinta a la original.

Lo interesante de este libro, más allá del gusto o la querencia que el lector pueda tener por los ambientes post-apocalípticos o de cuasi-fantasía zombie, es que realiza una narración detallada, a través de distintas voces y personajes, de cómo sucedería el proceso de desmembramiento de la sociedad tal y como la conocemos ahora mismo.

Si bien es cierto que existe una larga tradición de estudiosos de la construcción y generación de las estructuras sociales y las relaciones que en seno de estas se dan, como las relaciones de poder o económicas, quizá resulte ciertamente novedoso atreverse a realizar un ejercicio que precisamente camina en el sentido opuesto: la destrucción social de la realidad.

A pesar de que el libro se centra esencialmente en la desintegración de la dimensión quizá más material de esta hipotética sociedad contemporánea, resulta fácil atisbar algún tipo de implicación que ello implica en la dimensión social que la envuelve y de la que se retroalimenta.

Progresivamente, según se va extendiendo el virus y la población de lo que llaman los Z va aumentando a la par que la de los vivos merma, las personas van abandonando sus puestos de trabajo y responsabilidades, caen las estructuras públicas más básicas como los servicios sanitarios o la alimentación de las redes eléctricas y el mundo se somete en un profundo desorden donde lo que prima es la supervivencia del yo frente al otro, un otro no-vivo que, por peligroso y potencialmente mortal, no requiere de hegemonía de ningún tipo para imponerse y cuya única herramienta de control, el miedo, no parte de una lógica organizada: se sobreviene el caos.

Esta es la idea principal que subyace bajo esta obra, que quizá precisamente sorprende por tratarse de una ficción donde nos podemos sentir tan representados y donde ese enemigo externo, el zombie, nos invita a pensar en él en tanto que metáfora de algún tipo de potencial peligro o disrupción que acecha nuestras plácidas vidas y que en cualquier momento se podría desencadenar, llámese cambio climático o llámese escalada nuclear.

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