Vampiro
Del francés, vampire, y este del alemán, Vampir.

  1. Espectro o cadáver que, según ciertas creencias populares, va por las noches a chupar poco a poco la sangre de los vivos hasta matarlos.
  2. Persona codiciosa que abusa o se aprovecha de los demás.
  3. Murciélago hematófago de América del Sur.

(Definición de la Real Academia Española)


La figura del vampiro siempre ha suscitado especial intriga en la sociedad. Desde su origen en el mundo grecorromano hasta la universalización del mito con la novela “Drácula” de Bram Stocker, el vampiro se ha asociado siempre a una serie de características que tienen que ver con la deshumanización y la decadencia del ser humano.

El temor a la luz del sol y a imaginería cristiana, la capacidad de alimentarse de sangre, los colmillos prominentes o la afinidad con las bestias de la noche, representan el lado más salvaje y animal del alma humana, una deformación macabra de lo que antes fue una persona. El mito de este no muerto se compone, en general, de una amalgama de supersticiones personificados en un solo ser. Por ejemplo, la relación con la sangre se puede relacionar con la fuente de poder del alma del no muerto y con los instintos de depredador del ser humano, así como con la idea de un alma corrompida y temerosa, pero inmortal.

En el ámbito más científico, la idea del vampiro se habría popularizado a partir del siglo XVII, parcialmente antes de poder explicar de manera empírica las epidemias y enfermedades europeas.

Sin embargo, una de las características más trascendentes y orgánicas del vampiro es su sombra.

Según Carl Jung, el mito del vampiro proviene de una personificación del arquetipo “sombra”, el cual representa los impulsos o instintos más básicos reprimidos por la estructura social. De este modo, el vampiro sería una “sombra” del ser humano; la encarnación de la idea de mal y una representación del lado más salvaje, bestial y primario latente en el cerebro y en permanente conflicto con el marco social y religioso.

Esta “sombra”, cuyo comienzo se remonta a lo más remoto de los temores y tentaciones de la mente humana, ha sido plasmada de diversas maneras en diferentes medios, como las leyendas transmitidas de manera oral, los libros o, la más contemporánea de todas, el cine.

El cine es producto de su tiempo, como la arquitectura o la pintura. No un medio de comunicación estático, sino dinámico y maleable, que evoluciona a la vez que lo hace la mentalidad social, utilizando los avances técnicos o la falta de los mismos para mejorar la idea o historia que se quiere transmitir. No se pueden comparar, por poner un ejemplo, la actuación puramente expresionista de Max Schreck como vampiro en la película Nosferatu de 1922 con el concepto de Drácula de Francis Ford Coppola de 1992 o la más reciente “Dracula Untold” de Gary Shore protagonizada por Lucke Evans en 2014.

Independientemente de qué película puede ser mejor, nos encontramos con tres largometrajes completamente diferentes que hunden sus raíces en el mismo suelo; la novela “Drácula”, de Bram Stocker (1897). Pese a esto, cada obra ha sido dirigida y protagonizada por la gente de su época, utilizando para ello los recursos existentes. Para suplir la falta de diálogo hablado y color de “Nosferatu”, se creaba tensión mediante la expresión dramática y la sobreactuación de los personajes, los claroscuros muy marcados que resaltaban el maquillaje y las caracterizaciones, así como el uso de elementos como la banda sonora o el decorado para resaltar incluso la sensación de angustia existencial que sufría la sociedad alemana en aquella época. Fue una película que causó verdadero terror en su época, existiendo rumores de que el propio actor principal era un vampiro de verdad. Al contrario que en la novela de Drácula, la primera película de este ser salió a la luz en Alemania en un momento histórico complejo, como es el periodo de entreguerras. El Nosferatu no es un personaje con nombre y apellidos. Es, ante todo, una idea que representa algo abstracto y terrible, una amenaza cerniéndose sobre la civilización, una sombra que se abalanza sobre la sociedad pasada y una indeterminación respecto al futuro. Todo ello en base a la historia de Drácula, ya que, siendo una película, tiene que contar con un guion y un desenlace.

Por otra parte, el Drácula de Coppola toma la forma de un ser humanizado y concreto, con sus pasiones, sus miedos y ambiciones, muy lejos de la idea abstracta que transmitía el Nosferatu. Representa la otra cara de la moneda, el mito desde el punto de vista del ser humano. Todo esto se mostraba ayudado de actores con expresiones mucho más sutiles, cambios de cámara innovadores, efectos especiales, decorado y vestuario, sin olvidar que se trata de una película con banda sonora propia, diálogos y a color. Muestra un Drácula fruto de su época, con el que la gente se puede identificar no sólo como idea, sino como personaje con una historia, un amor, unas tentaciones, amenazas, perversiones… Sin embargo, lo más importante es que se trata de una película que conoce sus orígenes y no reniega de ellos, como se puede observar a continuación.

La sombra del vampiro y su evolución en el tiempo

En la primera escena se puede ver el elemento más característico del Nosferatu, la sombra del vampiro, como un elemento casi metafísico, cerniéndose de manera progresiva sobre una víctima que bien podría ser la misma Alemania en el periodo de entreguerras. En la segunda, mientras tanto, la sombra se convierte en una de las características del vampiro, uno de sus “poderes”, algo que otros personajes pueden apreciar, sentir y, por supuesto, temer.

Por último, en la versión de Gary Shore no sólo muestran al vampiro como un elemento humano, sino que lo sitúan como un protagonista, terrible y a la vez justo, racional e incluso benevolente. Representa otra vuelta de tuerca más en el mito, una humanización del monstruo en el que no sólo el espectador puede identificarse con una criatura de las sombras, sino que el propio director quiere conseguir eso dándole un trasfondo dramático, situándolo como una víctima en vez de un verdugo. Cabe destacar que lo más espectacular de la película son los efectos especiales y la interpretación de los actores, primando el espectáculo visual por encima del diálogo o la historia.

Como conclusión, en este caso concreto, el cine se transforma en un medio por el cual se ve como evoluciona la figura del vampiro. Desde un ente abstracto y temible hasta un ser humano concreto e incluso idealizado. El cine funciona como un vehículo por el cual la idea colectiva de esta figura transmuta hasta el concepto que tenemos de él hoy en día, aunque manteniendo muchas de las características que lo hacen único.

Comentarios