He tenido que ver cómo solo una pandemia ha hecho hablar a la prensa de un país que está dando ejemplo desde 2008, Portugal. He tenido que escuchar cómo políticos alemanes critican los recortes en el Estado de Bienestar de los pueblos del sur, cuando es consecuencia de una crisis en la que decidieron hundirnos la cabeza debajo del agua y ratificaron las decisiones de sus socios liberales. He tenido que escuchar cómo critican la escasa industria que tenemos los pueblos del sur, cuando renunciamos a ella porque nos obligaron. He tenido que leer cómo criticaban nuestro confinamiento alargado, sin tener en cuenta que es por la desigualdad y los recortes en el sistema sanitario por lo que hay países que sólo a través del encierro pueden asumir la crisis del virus. He tenido que escuchar cómo decían que la cuarentena en los pueblos del sur seguro que era una buena noticia, porque habría que trabajar menos. He tenido que ver cómo hay personas que señalan la inutilidad de los italianos para frenar esta crisis, cuando gracias a que ellos fueron los primeros, hoy el mundo está avisado. He tenido que hacer memoria, y entender que esto no es nuevo, que los que antes nos llamaron PIGS ahora nos caricaturizan a su gusto.

Es increíble cómo aflora el racismo en estas circunstancias, cómo necesitan de una otredad para sentirse seguros y reforzados, cómo nosotros somos el Otro, al que hay que intentar no parecerse. ¿Pues saben qué? Debe ser una de las pocas veces en mi vida que mi orgullo nacional desborda. A esos que defienden una Europa blanca, desigual y clasista tengo algo que decirles:

¿Por qué eligen jubilarse en nuestras costas y que les cuiden nuestros profesionales? ¿Por qué entonces somos la huerta de Europa si tan inútil es nuestra economía? ¿Por qué admiran a Fellini y no defienden la vida y el honor de sus descendientes? ¿Por qué admiran la antigua Grecia y desprecian a su pueblo? ¿Por qué son felices con nuestra música, nuestro sol, nuestros bares, y nuestra manera de disfrutar la vida, y luego nos llaman vagos? ¿Por qué han silenciado durante años a Portugal en su salida de la crisis? ¿Por qué consumen la moda italiana y luego no pueden calzarse un poquito de humildad? ¿Por qué exportan nuestro aceite y después les ponen su etiqueta si tan malo es? ¿Por qué inundan las playas del Algarve? ¿Por qué contratan a enfermeras y enfermeros españoles?

Se me ocurren infinitos, y lo que me pide el cuerpo es decirles que se queden en su casa y no vuelvan a pisar nuestras bellas tierras, pero no. Al igual que nunca he querido regalar España a quienes más nombran la bandera rojigualda, no quiero regalar Europa a quienes sólo conocen la palabra Unión cuando el viento sopla a favor. Los pueblos del sur hemos sido la mano de obra barata de toda Europa, pues con esa humildad, Europa será con nosotros o no será. ¡Arriba los pueblos del sur!

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